La pulsión de muerte en una casa de entierros y la relación entre sus empleados, es lo que nos muestra esta obra de Christian Garcia. por Mariano Conter
En la casa mortuoria todo es rutina y mecánico, los empleados de limpieza en la antesala parecen robots, uno escucha la radio y el otro para un trapo, mientras tanto, el espectador entra al teatro. Ellos inertes realizan su tarea y nada la interrumpe.
La rutina se interrumpe con la llegada de un nuevo empleado, que viene recomendado por un primo para la tarea, pero para la empleada de la Casa Lingue, ese empleado está inactivo. Nadie activo, todo pasivo, todos iguales ante la muerte: administrativos, choferes, maquilladoras, selladores y servicio. Nadie se inmuta, aunque el público es espectador de una muerte diferente, que resulta cercana y dolorosa. Sin embargo, no hay espacio, para las emociones, ni los sentimientos.
Uno de los hallazgos de la dirección de Christian Garcia son los diálogos paralelos, donde los empleados relatan temas ligados a la enfermedad propia o ajena y se retan al duelo, salvo, cuando el empleado sueña con Eva Perón y la luz, pero cuando la misma se acerca, el personaje se despierta. No hay luz, hay oscuridad, como en la muerte.
El cuerpo tampoco importa, si igual todos vamos a morir, y la escena del cambio de ropa así lo demuestra, y el nuevo empleado debe negociar su salario con otra trabajadora que lo interpela en corpiño, ante su asombro y líbido expuesta, que rápidamente se apaga, cuando observa al resto de sus compañeros desvestirse, sin importarles nada.
Cáceres lo relata al promediar la obra, se ve en los ojos de sus compañeros, como uno igual, porque todos son iguales, salvo el empleado nuevo.
Todo se termina con la muerte, la obra también, y el público contagiado no lo advierte, metido en lo tanático, que queda perplejo y espera algo más….. acaso algo de vida, ante tanta muerte?
Como podrá leer el seguidor la obra genera climas y un halo envolvente a lo largo de la misma, y esto es posible con un gran dramaturgo y director Christian Garcia y actores compenetrados en la composición de sus personajes que logran transmitir la sensación de muerte, nada fácil, pero con un lucimiento logrado de Paula Aguirre, Gustavo Barbeito, Natalio Bellíssima, Yamil Chadad, Lucas Crespi, Estefania D’Anna, Fernando De Rosa, Mariela Finkelstein, Christian Garcia, Claudio Maino, Alejandro Pérez, Daniela Piemonte, Julián Sortino, Ricardo Tamburrano, Sabrina Lara e Ignacio Arroyo.
Vestuario de la misma Casa Linguee, maquillaje de Paula Aguirre y diseño de luces de Ricardo Sica, todos dispuestos para la acción y la puesta escena para que los empleados se dispongan a realizar un nuevo servicio.
Otro hallazgo ingenioso es que cuando el público se retira el acomodador de sala entre una tarjeta de Casa Linguee, donde espresa: “Los empleados de la Casa Lingue los invitan aUds. a ser parte del evento o servicio todos los miércoles a las 21 hs. en el Teatro del Abasto ( Humahuaca 3549).

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