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“Bandido”. El elegido: Osvaldo Laport. Crítica

Cine Argentino Hoy analiza la película de apertura del Bafici 2021.

El psicoanalista cinéfilo, Mario Betteo, hace un análisis sobre por qué el director, Luciano Juncos, eligió a Osvaldo Laport para interpretar al Bandido: una mirada sobre el actor y el personaje.

El director Luciano Juncos es un joven cordobés que le interesan las historias de ocaso. Eligió a Osvaldo Laport para hacer el papel de “Bandido”, un cantante de música popular ya entrado en años, que ha perdido la causa de sus ganas de cantar, que se está despidiendo de algo que no sabemos muy bien ha perdido.  

La actuación de Laport le da un vuelo inusitado a una historia menor (no es peyorativo sino un modo de situar lo que Deleuze decía de Kafka, que es un ejemplo de literatura menor), simple, sin muchas torsiones ni ejercicios de estética ni apoyados en una escritura de carácter fuertemente literaria.

Bandido se muestra efectivamente como un fuego frío, triste, dolido, viejo, sin voz, con la mirada perdida. Sus ojos navegan por un horizonte que está vacío de luz. Pero de pronto, algo inesperado le cambia la vida. Unos bandidos lo asaltan y le roban a la manera de los atracos callejeros, el auto y su celular. Es ese episodio el que pone a la película en otro tono, con otro ritmo, más lento, parsimonioso. Casi podríamos decir que se convierte en una película con el tempo uruguayo. No por nada, el Bandido lo encarna Laport. Como que su sola presencia hubiese dirigido el tono del film y no al revés.

La tristeza del Bandido se va convirtiendo en una alegría en la medida en que es contagiado por las necesidades y urgencias de los habitantes del barrio en que lo robaron, a partir de encontrarse casualmente con un músico amigo de antaño que vive allí. Hay que luchar para que no se imponga la necesidad de las telecomunicaciones que también enferman a la población con esos emprendimientos a espalda de la gente. Cierta violencia es parte esencial de cualquier cambio. Además, la presencia en su casa de su hija, lo va devolviendo a una posición activa, vital, pero que al inicio sólo son arrancones, espasmos de sacarse esa cosa de encima que le oscurecen la mirada. No se trata de querer sacarse la oscuridad de adentro, sino más bien de iluminarla.   

Es de ese modo que recupera la voz, el entusiasmo (matizado con idas y venidas  de él con su productor que hace negocio con su figura). Porque la voz no sale de la garganta si no hay una entrega del cuerpo. No dudaría en considerar que semejante giro y despertar resulta demasiado veloz, un poco increíble, incluso cómo “adopta” de alguna manera a uno de los bandidos que reconoce que estuvo en la escena del robo, y se ocupa de proponerle otra cosa que la solución fácil de ser amigo de lo ajeno y de una violencia individualista. 

Film que vino con polémica debido a su elección para abrir la edición 22 del Bafici 2021; polémica tonta si las hay, porque quien dirige algo tiene el derecho y la obligación de elegir sin condicionamientos exteriores. Algo así como hace Bandido cuando se desentiende de su productor para poder participar en el acto musical del barrio para resistir a la instalación de la  antena.

No sabemos muy bien  a qué se debe el nombre del cantante, de qué bandidaje se trata el que lo nombra y lo identifica. La banda está dentro del bandido, pero al fin de cuentas, realmente no importa  saber algo de ese origen, porque está perdido, necesariamente perdido.

Crítica: Mario Betteo

Edición periodística: Andrea Reyes

 

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