En plena crisis de los cuarenta, un peculiar grupo de hombres decide formar el primer equipo nacional masculino de natación sincronizada. Por Bruno Calabrese.

 

“Nadando por un Sueño” (“Le Grand Bain” en francés, título rídículo con el que trataron de enganchar al público, en obvia referencia al show televisivo) es la ópera prima de Gilles Lellouche, la cual fue seleccionada para Cannes 2018 y recibió 10 nominaciones a los Premios César.

La historia gira alrededor de Bertrand (Mathieu Amalric). Está desocupado desde hace dos años, con un evidente estado depresivo y mantenido por su mujer. En una  de sus rutinas diarias (llevar a su hija a natación) conoce a un grupo de cuarentones que practican nado sincronizado en la pileta municipal. Al anotarse se da cuenta que dentro del grupo hay hombres que están pasando por crisis similares a él y que utilizan el espacio como lugar para despejarse de sus problemas. Al anotarse en un torneo de nado sincronizado en Noruega ellos encontrarán una manera de compensar sus frustraciones, satisfacer el ego al verse como héroes tan solo por un día y recomponer vínculos deteriorados.

La película apela al drama en un principio a la hora de retratar la circunstancias personales de cada uno de los protagonistas con un generoso despliegue cómico, que no se asienta en gags forzados sino en la base ridícula de la situación. Con un trabajo coreográfico impecable (Tanto en la secuencia final, como en la sucesión de imágenes de ellos practicando los pasos en sus tareas diarias al ritmo de Physical de Olivia Newton John), el director acierta a la hora de enfocarse en un tema relacionado con la masculinidad, en tiempos donde la tendencia cinematográfica está volcada a retratar el universo femenino. 

Mathieu Amalric hace gala nuevamente de su versatilidad actoral. Capaz de hacer un drama doloroso como “La Escafandra y la Mariposa” a componer un papel como el de Bertrand, un depresivo que no encuentra satisfacción en nada, sarcástico e irónico, que se despoja de la diplomacia a medida que va creciendo su ego y logra rebelarse contra su familia política. Un actor que nunca falla, cuya presencia le da siempre un  plus a cada film que protagoniza.

“Nadando por un Sueño” es una película de gente común, en circunstancias como las que vivimos todos. De allí proviene su espesor dramático, en esas subtramas, en el sufrimiento diario de seres aburguesados, víctimas de un sistema que los oprime. Hombres que, como ellos dicen “les encantaría ser emprendedores como Michael Douglas en “Wall Street” pero no lo son. Por eso encuentran en una práctica poco común para los hombres, la vocación de empezar de nuevo, combatir contra las circunstancias agrias que les toca afrontar y  alimentar su ego para no caer en la depresión.

Más allá de la evidente similitud al clásico “Full Monty” del año 1997, la película funciona como una releectura del clásico inglés, aggiornado a la actualidad donde el universo simbólico masculino está cada vez está más cuestionado.

Puntaje: 85/100.

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